imagen de Alejandro Magno en la Batalla de Issos. Mosaico

Alejandro Magno, entre la leyenda y la Historia

Alejandro Magno, entre la leyenda y la Historia

Alejandro Magno, el Grande o, simplemente, Alejandro III de Macedonia es una de las figuras más exaltadas, admiradas e incluso veneradas de la Historia Antigua. Algunos de los más importantes dirigentes, emperadores, conquistadores e incluso dictaduras han buscado inspirarse y verse reflejados en el gran líder macedonio, que consiguió la gran gesta de unir bajo un solo mando al imperio más extenso conocido hasta aquel momento. Y ello a pesar de haber fallecido a los 33 años de edad.

Conozcamos pues al personaje histórico, sus logros y su legado intentando ceñirnos a las fuentes, evitando elementos míticos o legendarios.

mapa de Las conquistas de Alejandro Magno
Las conquistas de Alejandro Magno (Biografías y Vidas)

Nacimiento y juventud

Alejandro nació en el año 356 AC y era hijo de Olimpia de Epiro y del rey macedonio Filipo II. Sus padres le procuraron la mejor de las educaciones, teniendo entre sus maestros al propio Aristóteles. Desde muy joven demostró una gran ambición por el poder, pero también desarrolló un gran amor por la cultura.

Demostró sus dotes militares y de mando a muy temprana edad, dirigiendo su primera campaña con sólo 16 años y participando junto a su padre en la Victoria de Queronea a los 18.


Ascenso al trono de Alejandro Magno

Tras el asesinato de Filipo en el año 336 AC, Alejandro fue proclamado rey. Con sólo 20 años se puso al frente de la potencia hegemónica del momento en Grecia. Probablemente confiados en la inexperiencia del nuevo monarca, se produjeron algunas revueltas, destacando especialmente la de la ciudad de Tebas. Alejandro magno demostró ser un líder implacable, y arrasó la ciudad para dar muestras de su poder y determinación. También asumió el cargo de Hegemón, líder militar de la Liga de Corinto.

Una vez sofocados los conatos de rebelión en Grecia, decidió continuar con el plan de su padre: la conquista del imperio persa y la expansión macedonia hacia el este. El joven rey persa Darío III se convertirá en su gran objetivo.


Campañas en Asia Menor y conquista de Egipto

imagen de Alejandro Magno en la Batalla de Issos. Mosaico
Alejandro Magno en la Batalla de Issos. Mosaico, Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, Italia.

La primera incursión de Alejandro en Asia Menor fue en ayuda del general Parmenión, que por orden de Filipo se encontraba en la región con un ejército de 10.000 hombres. En la Batalla de Gránico (334 AC) obtuvo su primera victoria, si bien el golpe de efecto lo daría en la Batalla de Issos (333 AC), en la que el propio Darío III se encontraba presente. El ejército persa, mucho más numeroso que el macedonio fue derrotado gracias a la habilidad de Alejandro, Parmenión y Crátero. Darío se vio obligado a batirse en retirada. El rey macedonio prosiguió su avance, y en el año 332 AC devastó las ciudades de Tiro y Gaza, importantes enclaves marítimos persas.

Llegó al Delta del Nilo en el año 331 AC y decidió fundar allí la primera de sus Alejandrías. También ordenó la construcción de un templo en honor de Zeus-Amón. Parece que fue el oráculo quien le reveló que su verdadero padre era el propio dios al que había dedicado la construcción del templo.

imagen de Santuario de Zeus-Amón en Siwa, Egipto
Santuario de Zeus-Amón en Siwa, Egipto (National Geographic)

Conquista del Imperio Persa

Alejandro dirigió su ejército hacia Mesopotamia y consiguió su ansiado enfrentamiento directo con Darío III en la Batalla de Gaugamela (330 AC). Él mismo atacó el centro de las defensas persas, rompiendo sus líneas y obligando nuevamente a Darío a huir. Fue la propia nobleza persa quien asesinó a su rey tras esta segunda derrota. Alejandro fue aclamado a su llegada a la ciudad de Babilonia.

imagen de Alejandro III en la Batalla de Gaugamela
Alejandro III en la Batalla de Gaugamela (BatallasHistóricas.com)

Desde Babilonia, siguió su conquista del imperio persa hasta tomar las ciudades de Susa y Persépolis, con cuyas riquezas pudo contratar mercenarios locales para reforzar su ejército. La incorporación de los indígenas no fue bien recibida por los soldados griegos, que los consideraban bárbaros e inferiores.

El objetivo de Alejandro era ahora acabar con el asesino y posible sucesor de Darío, Atajerjes V, que se había refugiado en Afganistán. Éste también fue vencido, y los macedonios siguieron su avance hasta los confines del Imperio Persa con la llegada al río Sirdaryo en el 328 AC.





Hacia el mundo desconocido: el viaje a la India

El sueño de Alejandro de conquistar la India y llegar hasta los confines del mundo conocido, terminó convirtiéndose en una pesadilla.

Las tribus indias presentaban una resistencia que los griegos jamás habían conocido. A pesar de las políticas conciliadoras con las noblezas locales e incluso varios matrimonios concertados, especialmente con la princesa Roxana en el 327 AC, se vio incapaz de conseguir seguir hacia delante.

Además de las dificultades que encontraron en el campo de batalla, Alejandro tuvo que hacer frente a varios alzamientos de sus propios soldados. El cansancio del ejército tras 7 años de guerras lejos del hogar y las reticencias a aceptar a los ciudadanos de los territorios conquistados como iguales a los griegos generaron enormes tensiones intensas. La peor de ellas, conocida como la Conjura de los Pajes, conllevó al asesinato del propio Parmenión por parte del rey.


Retorno y muerte de Alejandro

Ante la imposibilidad de avanzar y el progresivo deterioramiento de su propio ejército, Alejandro tomó finalmente la decisión de regresar a casa. Durante el regreso hubo nuevas conquistas y batallas, pero el ánimo del rey era de derrota. Llegó a Babilonia en el 325 AC y decidió que la ciudad sería la capital de su imperio. La muerte de su inseparable compañero (y parece ser que también amante) Hefestión en el 324 AC terminó de hundir la moral de Alejandro.

imagen de recreación de los jardines colgantes de Babilonia
Recreación de los jardines colgantes de Babilonia

Alejandro Magno murió en Babilonia en el año 323 AC. Aunque hay diversas teorías sobre los motivos de su muerte, que van desde un envenenamiento orquestado por Aristóteles hasta un episodio de leucemia, lo que sí parece evidente es que, a pesar de contar con sólo 33 años, las huellas de tantos años de guerra lo habrían debilitado enormemente.

Su cuerpo fue llevado a Alejandría y enterrado con todos los honores.


El problema de la sucesión

La repentina muerte de Alejandro ocasionó que su extenso imperio se encontrara repentinamente con un gran vacío de poder. En un principio, el sucesor fue Filipo III, hijo ilegítimo de Filipo II, que fue asesinado por órdenes de Olimpia (317 AC), que inmediatamente colocó en el trono a Alejandro IV, hijo de Alejandro. La tensión entre partidarios y detractores derivó en una guerra civil, en la que tanto Olimpia como Alejandro IV fueron asesinados.

Los principales generales de Alejandro IV finalmente se repartieron el imperio alejandrino en el año 301 AC, dividiéndolo según acordaron en el Pacto de Ipsos e iniciándose un proceso de rivalidad entre ellos (gobierno de los Diádocos): Lisímaco se hizo cargo de Asia Menor y Tracia; Casandro,  de Grecia y Macedonia; Seleuco de Asia Oriental y Ptolomeo, de Egipto. Del gobierno de los Diádocos he publicado otro post: Diádocos: el Imperio tras Alejandro Magno


Para saber más / fuentes consultadas




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