Historia de París: de aldea celta a capital del mundo

Si hay una ciudad que parece haber existido siempre, esa es París. Caminando por sus bulevares hoy puedes cruzarte con turistas que hacen cola para ver la Torre Eiffel, pero bajo ese asfalto hay casi 2.500 años de historia acumulada. Guerras, revoluciones, pestes, emperadores y filósofos. Todo cabe en esta ciudad.
Vamos a repasar los grandes momentos de la historia de París, para desarrollar un poco más este artículo: De Lutecia a París: historia de la capital francesa. ¿Listos para viajar en el tiempo?
Los Parisii: cuando París era una aldea celta
Mucho antes de que existiera Francia, un pueblo celta llamado los Parisii se instaló a orillas del Sena, probablemente entre los años 250 y 225 a.C. Eligieron bien: el río les daba agua, pescado y una vía de comercio natural con otras tribus europeas.
Construyeron puentes, acuñaron monedas propias y levantaron un asentamiento en lo que hoy conocemos como la Île de la Cité, esa islita en medio del Sena donde ahora está la catedral de Notre-Dame. La posición era estratégica: el agua del río los protegía de ataques por casi todos los flancos.
No era una gran metrópoli. Era un pueblo. Pero era su pueblo.
Lutecia: cuando llegaron los romanos
En el año 52 a.C., Julio César emprendió la conquista de la Galia. Sus legiones derrotaron a los Parisii, y sobre las cenizas de la aldea celta los romanos fundaron una nueva ciudad en la orilla izquierda del Sena. La llamaron Lutecia, o más exactamente Lutetia Parisiorum, que vendría a significar algo así como «el barrizal de los Parisii», en referencia al terreno pantanoso de la zona.
Lutecia era una ciudad romana en toda regla. Tenía termas, un foro, calzadas y un anfiteatro capaz de albergar entre 10.000 y 15.000 espectadores, aunque la población de la ciudad no superaba las 6.000 u 8.000 personas. Curioso, cuanto menos.
En el siglo III llegó el cristianismo, de la mano de San Dionisio (Saint Denis), el primer obispo de París, que según la tradición fue decapitado en el monte Mercurio por negarse a renunciar a su fe. Poco después, las invasiones de tribus germánicas obligaron a muchos habitantes a abandonar la orilla izquierda y refugiarse en la Île de la Cité.
Para el año 305, el nombre de Lutecia empezaba a desaparecer de los mapas. En su lugar, los registros hablaban ya simplemente de Paris.
Clodoveo y los francos: París se convierte en capital
Con la caída del Imperio Romano de Occidente en el siglo V, nuevos pueblos llegaron al escenario. Entre ellos, los francos, liderados por el rey Clodoveo I. En el año 508, tras convertirse al cristianismo, Clodoveo proclamó París capital de su reino. Es un momento clave: a partir de aquí, la ciudad dejó de ser solo un punto en el mapa para convertirse en el corazón político de lo que eventualmente sería Francia.
Siglos después, Carlomagno fue coronado Emperador de Occidente en el año 800, pero eligió Aquisgrán como sede de su poder. París perdió peso temporalmente, aunque no por mucho tiempo.
La Edad Media: vikingos, catedrales y universidades
En el siglo IX, los vikingos llegaron al Sena. En los años 885 y 886 asediaron París durante meses, pero no lograron tomarla. La resistencia de la ciudad reforzó su reputación.
En el año 987, la Dinastía Capeta tomó el trono de Francia e instaló definitivamente la corte en París. Fue el inicio de una época dorada para la ciudad.
Con los Capetos llegó la construcción de monumentos que hoy siguen en pie. La catedral de Notre-Dame empezó a edificarse en 1163 y tardó casi dos siglos en terminarse. La Santa Capilla se levantó poco después. Y en el siglo XII y XIII surgieron las primeras universidades en la orilla izquierda, incluyendo la Universidad de París, embrión de lo que sería la Sorbona.
París se convirtió en uno de los principales centros de aprendizaje de Europa. Estudiantes llegaban desde Inglaterra, Alemania e Italia para estudiar aquí. Ese barrio al sur del Sena, donde todos hablaban latín, recibió el nombre de Barrio Latino. Lo sigue teniendo hoy.
Pero la Edad Media también trajo sufrimiento. La Peste Negra diezmó la población. Y la Guerra de los Cien Años (1337-1453) contra Inglaterra sumió a Francia en décadas de caos, con París ocupada por los ingleses entre 1420 y 1436. Fue Juana de Arco quien revitalizó la resistencia francesa, aunque no vivió para ver el final del conflicto.
La Matanza de San Bartolomé y las guerras de religión
El siglo XVI trajo otro tipo de guerra: la religiosa. La tensión entre católicos y protestantes (hugonotes) estalló de forma brutal la noche del 24 de agosto de 1572. Conocida como la Matanza de San Bartolomé, fue una masacre organizada que acabó con la vida de miles de protestantes en París y en otras ciudades francesas durante semanas.
Las guerras de religión marcaron profundamente a Francia. Un siglo después, el Rey Sol, Luis XIV, que había vivido la Fronda siendo niño y desconfiaba de París, decidió trasladar la corte al palacio de Versalles. Era una forma de controlar el poder desde lejos.
La Ilustración y la Revolución Francesa
En el siglo XVIII, París se convirtió en el laboratorio de ideas más importante del mundo. Voltaire, Rousseau, Montesquieu, Diderot: todos pensaban, escribían y debatían aquí. Sus ideas sobre la libertad, la igualdad y los derechos del ser humano iban a cambiar la historia.
El 14 de julio de 1789, el pueblo de París asaltó la Bastilla, una prisión-fortaleza que simbolizaba el poder absoluto de la monarquía. Fue el pistoletazo de salida de la Revolución Francesa, uno de los eventos más importantes de la historia moderna.
Lo que siguió fue tumultuoso. El rey Luis XVI fue guillotinado el 21 de enero de 1793 en la actual Plaza de la Concordia. Llegó el período del Terror, con miles de ejecuciones. Pero también la Declaración de los Derechos del Hombre, la primera constitución francesa y el fin del feudalismo.
Una revolución que aspiraba a la libertad terminó, como tantas veces, en sangre. Pero dejó un legado que sigue resonando.
Napoleón y la transformación de la ciudad
Del caos revolucionario emergió Napoleón Bonaparte. El 2 de diciembre de 1804, se coronó a sí mismo Emperador de los Franceses en la catedral de Notre-Dame, con el papa Pío VII presente pero sin que fuera él quien pusiera la corona. Napoleón quería dejar claro que no rendía cuentas ante nadie.
París le debe a Napoleón varios de sus monumentos más icónicos, entre ellos el Arco del Triunfo, diseñado para celebrar sus victorias militares. Pero el Imperio cayó en 1815, y con él una era.
Décadas después, bajo Napoleón III, llegó la gran transformación urbana. El barón Haussmann fue nombrado prefecto y durante 17 años demolió barrios medievales para construir los amplios bulevares, las fachadas uniformes y los parques que hoy definen la imagen de París. También se instaló un sistema moderno de alcantarillado. La ciudad medieval se convirtió en una metrópoli del siglo XIX.
En 1889, para la Exposición Universal, se inauguró la Torre Eiffel. Muchos parisinos la odiaron al principio. Hoy es el símbolo de la ciudad.
Las dos guerras mundiales
El siglo XX trajo dos guerras devastadoras. En la Primera Guerra Mundial, París resistió los avances alemanes. En 1940, durante la Segunda, cayó. Las tropas nazis entraron en la ciudad el 14 de junio de ese año. París fue ocupada durante cuatro años.
Lo extraordinario es que la ciudad sobrevivió casi intacta. Hitler ordenó destruirla antes de la retirada, pero el general al mando se negó a ejecutar la orden. El 25 de agosto de 1944, París fue liberada. Charles de Gaulle encabezó el desfile por los Campos Elíseos. Las imágenes de ese día dan escalofríos.
Mayo del 68 y la París contemporánea
En 1958, De Gaulle fundó la Quinta República, el sistema político que Francia mantiene hasta hoy. Diez años después, en mayo de 1968, otra revolución, esta vez sin guillotinas, sacudió la ciudad. Estudiantes y obreros tomaron las calles de París para protestar contra el conservadurismo social, los métodos educativos y la guerra de Vietnam. El movimiento se extendió por toda Francia y estuvo a punto de derribar al gobierno.
El Mayo del 68 no derrocó nada, pero cambió la sociedad francesa para siempre. La libertad sexual, la educación, las relaciones laborales: nada volvió a ser igual.
Hoy París es una de las ciudades más visitadas del mundo, con decenas de millones de turistas al año. Es capital de la moda, del arte y de la gastronomía. También es una ciudad con tensiones modernas: desigualdad, inmigración, ataques terroristas como los de noviembre de 2015, y debates sobre identidad.
Una ciudad que siempre se reinventa
La historia de París es la historia de una ciudad que ha caído muchas veces y siempre ha vuelto a levantarse. Los celtas, los romanos, los vikingos, los ingleses, los nazis: todos intentaron dominarla. Ninguno lo logró del todo.
Lo que más sorprende de París no es la Torre Eiffel ni el Louvre. Es esa capacidad de llevar 2.500 años de historia encima y seguir siendo, al mismo tiempo, una ciudad viva. Si algún día tienes oportunidad de visitarla, camina despacio. Bajo cada piedra hay un siglo esperando.
