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Carlos I, el gran emperador de la dinastía Habsburgo (II)

Carlos V en la Batalla de Mühlberg2

Carlos I, el gran emperador de la dinastía Habsburgo (parte II)

En el post anterior, dejábamos a Carlos I ya convertido en emperador (como Carlos V) y consolidado en los tronos de Castilla, Aragón y Navarra. Seguimos el ciclo especial dedicado a los Austrias, si bien Carlos I tiene tanto de lo que hablar que he decidido finalmente dividirlo en dos artículos.

Veamos ahora las luchas exteriores a las que tuvo que hacer frente el emperador durante su reinado. Sus enemigos fuero, principalmente, los franceses, con su archienemigo Francisco I de Francia como soberano, los otomanos y los príncipes alemanes tras las tensiones religiosas surgidas de la Reforma.

«El Emperador Carlos V con un perro» (1533), Tiziano. Museo del Prado, Madrid. Foto: Museo del Prado

Por último, hablaremos de su abdicación, su retiro en el Monasterio de Yuste y su muerte.

¡Allá vamos!


Las luchas contra Francia

«Retrato de Francisco I de Francia», Jean Clouet. Museo del Louvre, París. Foto: Museo del Louvre

Francisco I de Francia reinaba desde el año 1515 y fue el rival de Carlos I para el ascenso al trono imperial. El emperador, además, reclamaba al rey francés la devolución de Borgoña.

Las tensiones surgidas entre ambos monarcas durante la candidatura imperial y el posterior nombramiento de Carlos, acabaron derivando en conflictos armados, apoyando el francés la revuelta de Navarra e invadiendo los Países Bajos. De este modo, los dos tronos más poderosos de Europa se enzarzaron en una serie de enfrentamientos que finalmente implicaron a todo el continente, incluyendo al Papado.

Primera guerra: la Primera Guerra Italiana (1521-1526).

La ya citada invasión de Francia sobre los Países Bajos obtuvo una contundente respuesta por parte de las tropas del emperador, que repelieron el ataque e intentaron invadir el norte francés, aunque sin éxito. Al mismo tiempo, Francisco I decidió invadir el norte de Italia (el Milanesado), pero también fue derrotado en Bicocca (1522).

Las tropas imperiales aprovecharon este triunfo para avanzar sobre la Provenza y sitiar Marsella en 1524, pero la campaña fue un fracaso. Francisco I vio la oportunidad de hacerse con Lombardía (Milán) y nuevamente intentó la conquista, esta vez al frente de su ejército. En la Batalla de Pavia (1525) sufrió una humillante derrota y fue capturado por el Imperio.

«La Batalla de Pavia»(1528-1531), Bernard van Onley. Museo Capodimonte, Nápoles. Foto: Museo Capodimonte

Trasladado a Madrid y como prisionero del emperador, Francisco firmó el Tratado de Madrid (1526), en el que se comprometía a devolver el Ducado de Borgoña y a casarse con la hermana de Carlos, Leonor. Liberado tras la firma, a su llegada a Francia declaró que había firmado el tratado bajo coacción y que quedaba sin efecto.

«Desembarco de Francisco i en el Puerto de Valencia» (1876), Ignacio Pinazo Camarlech. Foto: Wikimedia Commons

Segunda guerra: La Liga de Cognac (1526-1529).

El Papa Clemente VII veía cómo el poder imperial cada vez era mayor en Italia, y decidió buscar el apoyo francés para frenar la influencia española. En el mismo año de 1526 se constituyó la Liga de Cognac, compuesta por el Papado, Francia, Florencia y Venecia.

«Del saqueo de Roma» (1887), Francisco Javier Amérigo y Aparici. Museo del Prado, Madrid. Foto: Museo del Prado

El conflicto volvió a caer nuevamente del lado del emperador, cuyo ejército llegó, en 1527, a saquear Roma. La derrota de la Liga fue definitiva y en 1529 se firmó la Paz de Cambrai, en la cual Carlos renunciaba a Borgoña y Francisco a Flandes, Artois y todos los territorios italianos. El acuerdo fue firmado por Luisa de Saboya (madre de Francisco I) y Margarita de Austria (tía de Carlos I), por lo que la Paz de Cambrai también es conocida como la Paz de las Damas.

«Tratado de Cambray» (1871), Francisco Jover y Casanova. Museo del Prado, Madrid. Foto: Museo del Prado

Tercera guerra: Invasión de Saboya (1536-1538).

Francia ataca Piamonte y consigue rechazar el contraataque imperial en Provenza. Animado por esta victoria, Francisco se hace con el Ducado de Saboya. Tanto el emperador, inmerso en batallas marítimas contra los otomanos, como el monarca francés se ven obligados a firmar la Tregua de Niza en 1538, que establecía la paz entre ambos por un período de 10 años.

«Tregua de Niza» (1561-1563), Tadeo y Federicco Zuccaro. Palazzo Farnesse, Caprarola. Foto: Meisterdrucke

Cuarta guerra: La Segunda Guerra Italiana (1542-1546).

A pesar de la paz firmada en la Tregua de Niza, las reivindicaciones de ambos monarcas sobre el Ducado de Milán llevaron a la reanudación del conflicto. Francia invade los Países Bajos y recibe el apoyo naval otomano, que le permite la toma de Niza en 1543. Por su parte, a Carlos se le suma el apoyo de Enrique VIII de Inglaterra, enemistado con Francia.

«Retrato de Enrique VIII» (1537), Hans Holbein. Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid. Foto: Wikimedia Commons

La guerra supuso un excesivo desgaste de medios humanos y económicos para ambos contendientes, que firmaron en 1544 la Paz de Crépy, considerada una tregua más que un tratado en sí.


Luchas contra los otomanos

Solimán I «El Magnífico», fue el sultán otomano desde el año 1520 hasta su muerte, en 1566. Bajo su mando, conquistó multitud de territorios y consiguió la hegemonía en Oriente Medio, Asia Menor, Norte de África y en algunas regiones de Europa Oriental.

«Solimán el Magnífico» (1530), Tiziano. Museo de Historia del Arte de Viena. Foto: Wikimedia Commons

En Europa Occidental, colaboró ocasionalmente con Francisco I en sus batallas contra el Emperador Carlos, como ya hemos visto en el punto anterior.

Al mando de sus tropas, conquistó el reino de Hungría en 1526, quedando abierta la puerta al resto de Europa a través de Austria. Al mando de Austria se encontraba Archiduque Fernando, el hermano de Carlos I, que solicitó ayuda al emperador ante el ataque otomano a Viena en 1529, que fue rechazado por el ejército imperial. La ciudad recibiría todavía otro intento de conquista de Solimán tres años más tarde, igualmente repelido.

Las victorias de Carlos en el frente oriental y un relativo momento de paz con Francia impulsaron la lucha contra los turcos. En 1535 el emperador conquistaba Túnez y parecía que podría seguir ampliando el imperio en el Mediterráneo.

No obstante, el ataque francés a Piamonte (1536) obligó a que Carlos tuviese que centrar su atención en Francia, fracasando en los ataques contra los navíos corsarios de Jeireddin Barbarroja y contra su capital, Argel.

Desde 1541, Carlos se dedicó a la fortificación y defensa de España e Italia, desatendiendo el resto de territorios, y renunciando a la conquista de nuevas ciudades en el Mediterráneo. En 1551, el Imperio perdió Trípoli a manos otomanas.


Tensiones religiosas

En el año 1521, Carlos convoca la Dieta de Worms. Las dietas imperiales eran una reunión de los príncipes y cabezas más importantes del Imperio, y su convocatoria era competencia exclusiva del emperador.

«Lutero en la Dieta de Worms» (1877), Anton Werner. Staatsgalerie, Stuttgart. Foto: Staatsgalerie

La Dieta de Worms es recordada fundamentalmente por la comparecencia de Martín Lutero, un fraile y teólogo que proponía una reforma del sistema eclesiástico, al considerar que la Iglesia Católica se estaba distanciando de las enseñanzas de la Biblia. Lutero había sido excomulgado, pero su discurso sería el adoptado posteriormente por los llamados protestantes y supondría la base de la Reforma, que dividió a la fe cristiana en dos vertientes (fundamentalmente, aunque surgieron otras vías, como el calvinismo).

Lutero fue convocado por el emperador para retractarse de sus teorías, pero antes la sorpresa general, en la Dieta se dedicó a defenderlas todavía con más ahínco. Su mensaje calaba hondo entre los príncipes alemanes, que veían más que un cambio en la política religiosa, una vía para limitar el poder del emperador en sus dominios.

Comenzaba así una época de división política y religiosa, que las sucesivas dietas no lograron solucionar (Espira, Augsburgo, Ratisbona o el Concilio de Trento). De hecho, sólo un año después de la Dieta de Augsburgo (1530), se constituyó la Liga de Smalkalda, promovida por Felipe de Hesse y el duque elector de Sajonia. La liga se aliaría con Francisco I de Francia en contra del emperador (a pesar de la dura represión del monarca francés a los protestantes en su reino).

La Liga reconquistó ducados y principados en los que el emperador había asumido el control directo. Los protestantes extendían su religión de forma pacífica o por la vía militar. En 1543 cuatro de los siete votos necesarios para elegir al emperador se encontraban ya en manos protestantes, por lo que Carlos I decidió intervenir, si bien tenía que resolver antes sus conflictos con Francia y con Solimán. Firmó la Paz de Crépy (1544) y convirtió el frente mediterráneo en una empresa defensiva.

El emperador inició los enfrentamientos en Europa Central en 1546. Aunque se abrieron varios frentes, en general las victorias fueron para las tropas de Carlos I, más numerosas y mejor preparadas.

La Batalla de Mühlberg (24 de abril de 1547), con la presencia del propio emperador en persona, y la disolución de la Liga de Smalkalda parecían ser definitivas para la victoria de Carlos, pero un nuevo levantamiento de los príncipes alemanes le dejó acorralado en Inssbruck en 1552. El emperador huyó y se refugió en Austria, en el que es seguramente el episodio más humillante de su reinado. Al mismo tiempo, perdió varias plazas cercanas al territorio francés.

«Carlos V en la Batalla de Mühlberg» (1548), Tiziano. Museo del Prado, Madrid. Foto: Museo del Prado

Fue durante la campaña para recuperar Metz cuando el emperador, envejecido y cansado, tomó la decisión de abdicar, delegando en su hermano Fernando las negociaciones de paz con los príncipes alemanes.

La Paz de Augsburgo se firmó en 1555 y supuso la institucionalización del principio cuius regio eius religio, que obligaba a los habitantes de cada territorio a compartir la religión de su señor o, en caso contrario, a emigrar. Así, cada señor se adhirió libremente a la opción religiosa que prefería.


Abdicación y retiro

Carlos I abdicó en Bruselas en 1556. Su herencia territorial se dividió en dos bloques: por un lado, los territorios Habsburgo y el Imperio pasaron a su hermano Fernando; por otro, los reinos españoles, conquistas americanas, territorios italianos, Flandes y Borgoña fueron heredados por su hijo Felipe. En el testamento llegó a reconocer también a su hijo Juan (Juan de Austria), nacido de su relación extramatrimonial con Bárbara Blomberg en 1545.

Se retiró al Monasterio de Yuste y disfrutó de un retiro apartado y tranquilo. Murió el 21 de septiembre de 1558.

«Carlos V recibe en Yuste la visita de San Francisco de Borja» (1862), Joaquín María Herrer y Rodríguez. Museo del Prado, Madrid. Foto: Museo del Prado

Carlos compartió la visión de su abuelo, Fernando «el Católico», de unificar bajo un solo trono a toda la cristiandad. Fue un político visionario, hábil estratega militar y sobrevivió a casi todos sus grandes enemigos: Francisco I, Enrique VIII (fallecidos en 1547), Martín Lutero (1546) y al Papa Pablo III (1549).

En el año 1573 Felipe II ordenó el traslado de sus restos a la Cripta Real del Monasterio del Escorial, donde todavía se encuentran.


Bibliografía / para saber más