imagen de Teodora emperatriz de Bizancio
imagen de Teodora emperatriz de Bizancio
Teodora, emperatriz de Bizancio.
Mosaico de la Iglesia de San Vital en Rávena, Italia.

Sin duda una de las mujeres más influyentes de su tiempo, la emperatriz Teodora probablemente sea una de las figuras más importantes en la propia historia del Imperio Bizantino.

Si bien su fecha de nacimiento no está clara, parece que los historiadores están de acuerdo en que fue en torno al año 500 de nuestra era y que era originaria de la capital imperial, Constantinopla.

De orígenes humildes, desde muy joven ejercía la prostitución y actuaba en los espectáculos de baile que se celebraban en el Hipódromo entre carrera y carrera. Su gran belleza le permitió conseguir el favor de un alto oficial imperial designado gobernador de la Cirenaica (provincia bizantina situada en la actual Libia). Abandonada por éste poco tiempo después, durante su regreso a Constantinopla entró en contacto con los monofisitas en Egipto.

Los monofisitas eran cristianos que defendían una sola naturaleza de Cristo, en la que se confundían la humana y la divina, predominando ésta última. Era considerada una herejía y suscitó graves discusiones y enfrentamientos entre sus partidarios y los cristianos ortodoxos. Teodora profesó el monofisismo y defendió posteriormente a sus correligionarios en sus enfrentamientos con la Iglesia Bizantina. Abandonó su vida anterior y regresó a la capital del Imperio.

En Constantinopla retomó su amistad con Antonina, esposa del general Belisario. Parece que ser que gracias a esta amistad Teodora conoció a Justiniano, sobrino del emperador Justino I y su sucesor. Justiniano y Teodora se enamoraron y se convirtieron en amantes, luchando contra la oposición de la familia del futuro emperador. A pesar de la prohibición que impidía a la nobleza casarse con artistas y prostitutas, Justiniano consiguió de su tío una suspensión temporal y que Teodora fuera nombrada patricia. De este modo, ya era posible el matrimonio entre ambos.

A la muerte de Justino (527), Justiniano es nombrado “Basileus” (emperador), y Teodora se convierte en la nueva emperatriz de Bizancio.

Además de un ascenso meteórico desde las capas más bajas de la sociedad hasta el trono imperial, Teodora demostró ser una eficaz y carismática líder. Formó parte de una potente cúpula que consiguió que el reinado de Justiniano fuese uno de los períodos de máximo esplendor de Bizancio: además de la propia emperatriz, Justiniano contó con el apoyo del jurista Triboniano, de Juan de Capadocia (que diseño y organizó toda la administración del imperio), y de los generales Belisario, Mundo, Liberio y Narsés.

Del período Justinianeo, además de la reforma del administración imperial, hay grandes hitos como la elaboración del Codex Iustinianeus (529) y el Codex repetitae praelectionis (534), de gran influencia en todos los tratados de derecho posteriores; campañas militares que ampliaron los territorios del Imperio; una gran revolución cultural y artística, cuyos principales exponentes fueros los arquitectos isidoro de Mileteo y Antemio de Tralles, creadores del templo de Santa Sofía (Hagia Sofia, 537), uno de los monumentos más visitados de la actual Estambul.

Imagen del templo Santa Sofía, Estambul, Turquía
Templo de Santa Sofía en Constantinopla.
Actual ciudad de Estambul, Turquía

 

Uno de los episodios que mejor ilustra el carácter de Teodora como emperatriz se produjo durante la revuelta de Nika en el año 532: la ciudad de Constantinopla se rebeló contra el emperador y se produjeron disturbios por toda la ciudad durante 6 días. Justiniano y sus consejeros más allegados habían decidido emprender la huida, pero Teodora, con un memorable discurso, consiguió que se recuperaran y sofocaran la rebelión. La Historia Secreta de Procopio atribuye a la emperatriz la frase “… el trono es un glorioso sepulcro y la púrpura un hermoso sudario…” (la púrpura se refería al color de la vestimenta de los altos cargos imperiales).

imagen de reconstrucción de Constantinopla
Reconstrucción virtual de Constantinopla con vista del Hipódromo, lugar donde se inició la Revuelta de Nika.

Además, se le atribuyen grandes mejoras de los derechos de las mujeres, promoviendo leyes contra la prostitución forzosa, contra la violación de las mujeres y facilitando el divorcio.

Teodora falleció en el año 548 víctima de un cáncer de mama. Justiniano vivió durante 17 años más, si bien nunca se recuperó de la pérdida de su esposa, tanto a nivel personal como a la hora de gestionar el Imperio.

Bibliografía y fuentes consultadas – para saber más

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